Visita de la Escuela Infatil Nemomarlin

31-10-15

El pasado sábado 17 de octubre, parte del personal de Nemomarlin Retiro y los familiares que quisieron vivir con nosotras esta increíble experiencia, realizamos una actividad, que consistía en la visita y colaboración en el albergue Nueva Vida.

Este albergue  se dedica no solo  a la recogida, sustento y búsqueda de un nuevo hogar de perritos de diversos tamaños, sino también a  que estos animales tengan una nueva vida llena de amor, comprensión, tolerancia, respeto y felicidad.

descarga.jpgDurante la visita a las instalaciones pudimos comprobar las necesidades reales que esta asociación y otras similares padecen por falta de ayuda pública. Aun teniendo estas dificultades económicas, los voluntarios y colaboradores/socios se las ingenian para poder, por ejemplo, mantener las instancias de los perros calientes durante el invierno. No obstante, os invitamos a visitar y colaborar personal y económicamente en esta asociación.

Una vez terminada la visita introductoria, nos pusimos a trabajar  en todo lo que el personal del albergue nos fue solicitando. Fue una experiencia agradable en la que trabajamos en grupo generando una cohesión personal entre las personas que allí estábamos pasando de ser simples compañeras de trabajo a tener un objetivo común que era el conseguir un mejor bienestar de los perros.

Posteriormente fuimos invitados a interactuar con los perros de los que recibimos su agradecimiento, sus ganas de jugar y algún que otro lametón.

Finalmente nos obsequiaron con un delicioso ágape.

Fue una experiencia maravillosa. Dar de nuevo dignidad mediante la dedicación absoluta a los animales es una gran muestra de amor que se sentía en cada rincón del lugar. Amor, que era reciproco porque es devuelto por cada uno de los perros del centro. Ese amor se veía en sus miradas, en sus ladridos en sus juegos…

Algunas de nosotras sentíamos ciertos recelos de ir por lo que nos pudiéramos encontrar. Sentimientos encontrados de lastima y pena al saber que los perros no han tenido una vida fácil. La sorpresa fue tal y tan positiva…

Estos animales viven al día y lo que pasó ayer no importa. Verlos correr y jugar fue, y seguro que es, el pago más gratificante que nos dieron y dan día a día.

Salimos, finalmente, cargados de buena energía, felicidad y deseando volver en cuanto podamos.

Muchas gracias por vuestra labor y por cómo nos hicisteis sentir.

Mi experiencia en vuestro albergue:

Hace algún tiempo, una de mis compañeras de trabajo me hablo acerca de una asociación que rescataba perritos y los cuidaba mientras encontraban una familia que pudiese acogerles. Esta compañera adopto a un perrito de dicha asociación y durante varias semanas fui testigo de la alegría y la incorporación a una nueva vida de este pequeño integrante a su nueva familia.

Desde pequeña siempre he sentido debilidad por los animales, en especial por los perros, y fue durante mucho tiempo, durante mi niñez, una labor muy ardua, llevar a casa cualquier tipo de animalito que me encontraba de camino de mi colegio a casa. Pronto mi madre tuvo que poner remedio porque en poco tiempo hubiésemos tenido que montar un zoológico.

Con estos precedentes, cuando mi compañera propuso que colaborásemos con esta asociación, yo estaba muy emocionada. Recuerdo el día que recibimos en nuestra escuela a las representantes de “Nueva Vida”. Las ideas para colaborar con ellas surgieron sin ningún problema y del mismo modo, la emoción iba creciendo a medida que se cerraban fechas para poder pasar un día con ellas y con sus perritos.

Los sentimientos se mezclaban, el miedo inherente al pensar que nos encontraríamos con perritos que han sido maltratados, abandonados, que no han tenido una vida fácil, y que por consiguiente no sabíamos en qué condiciones nos los íbamos a encontrar, hacía que en algunos momentos, la ilusión se viese opacada por este miedo.

Sin embargo, la experiencia de nuestra compañera que ya había estado anteriormente adoptando a su querido “Milu” hizo que nuestros miedos fuesen desapareciendo poco a poco.

Llegó el gran día y ahí estábamos, dos compañeras y yo, desde fuera se escuchaban a los que por ese día iban a ser nuestros compañeros.

Nada más entrar nos atendió Ani, con su dulzura y su profesionalidad hizo que rápidamente nos sintiésemos seguras y parte de una labor cuanto menos admirable. Visitamos a cada uno de los perritos que viven en el albergue y pudimos comprobar uno a uno cómo no son sólo perritos, sino son su familia y cada uno un miembro especial y querido. Cada uno de ellos al ver a Ani saltaba de alegría y nosotras aprovechábamos para acariciarles y darles alguna galleta.

Posteriormente nos pusimos manos a la obra, ayudamos en todo lo que pudimos y lo hicimos con todo el cariño del mundo.

Terminamos la jornada con un pequeño refrigerio que nos había preparado la asociación pero, sobre todo con la sensación de haber colaborado en una tarea que para mí ha sido una experiencia gratificante en todos los sentidos.

Muchas veces nos encontramos inmersos en nuestras vidas, ajenos a lo que otros colectivos viven, en este caso, los perritos que lastimosamente no han tenido la suerte de encontrar una familia que los valorase desde el principio. Esta experiencia hace que tomes conciencia de que la vida es mucho más valiosa cuando encuentras en tu camino a personas que ayudan en causas como está, a paliar en gran medida lo que otros han destruido.

Yo, como educadora, me siento muy privilegiada de haber tenido la oportunidad de vivir la experiencia en manos de gente profesional y comprometida que muestra que el trabajo diario y el compromiso hace que encontremos esperanza donde casi no la hay y, que muestra una vez más que no hay mejor manera de entender el sufrimiento de los demás, trabajar la empatía y los valores propios de vivir en sociedad en un entorno como este.

Mil gracias por todo, sólo os puedo desear muchos momentos felices, y que encontréis la ayuda necesaria para poder dar una nueva vida a estos seres maravillosos.

Un abrazo enorme, Elena. 

 

 

 

 


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