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Pelusón después de las fiestas

01-02-18

Pelusón después de las fiestas

Por: Nuria Neagu Corzo

Hola! Como estáis?  Yo estoy un poco triste porque a mi mamá se le han acabado las vacaciones. ¡Con lo bien que lo hemos pasado! Ha estado 15 días conmigo a todas horas y, aunque estuvo mala, íbamos al parque dos veces todos los días.

Hace poco volvieron a llenar mi estanque, que se ha tirado 8 meses vacío  (mi mamá me llevaba a nadar a otro que estaba un poco más lejos) y, de la emoción, me tiré al agua de cabeza. Teníais que oír a la bruja. ¡Vaya lenguaje! Me llevó  a casa corriendo, me secó y me amenazó con emplear la violencia física: me dijo que, si me ponía malo, me curaba a collejas.  Pues vaya una forma de curar! Que rabie, que ni me puse malo ni nada. Eso sí, habría que decirle al Jefe del Retiro que en invierno sería mejor que el agua estuviera templada.

En la Cuesta de Moyano pusieron el Perrotón Christmas Market, y ya estoy apuntado a la carrera. Además, me regalaron una pelota y chuches, y dijeron que soy un perro muy guapo. Simplemente, la verdad.

Y cuando la  tormenta de nieve, que en Madrid no fue ni tormenta ni de nieve, solo de lluvia, mi mamá me puso un chaleco impermeable y con forro polar. Yo no quería, pero como todo el mundo dijo que iba elegantísimo, cambié de opinión. Lo malo es que había otro perro con el mismo chaleco. ¡Vaya un copión! iLe gruñí y todo! Y además, a mí me quedaba muchísimo mejor.

Tanto Papá Noel como los Reyes me trajeron muchas chuches buenas. Yo estuve alerta, porque eso de que se te metan en casa unos desconocidos con renos y camellos no me parece serio, pero me debí quedar dormido, porque no oí nada.  Cuando me desperté me hizo mucha ilusión ver lo que me habían traído. A los gatos también les trajeron cosas, pero a mí más. Claro, soy más importante. Y además yo no hago tonterías, no como el gato Filemón, que el otro día se lió con  las cortinas y parecía una momia. Había que oírle berrear…y el ataque de tontería histérica le duró media hora. Vaya un gato más panoli!

Ayer se consumó la traición: a las 5 de la tarde, que es una hora muy torera, la bruja me puso el collar y me sacó a la calle. Yo iba muy contento y confiado y, de repente, me veo en la peluquería. Vale que Lourdes me mima mucho, pero esas manías de andar mojándote para luego secarte… ¡si yo ya iba seco!  Luego me dieron chuches y mi mamá me compró un jersey rojo. Iba yo más guapo por la calle! Los demás perros estaban verdes de envidia. Claro, como a ellos no les habían lavado y cortado ni les habían comprado jerséis rojos….. 

Os paso una foto mía con el chaleco impermeable, para que apreciéis lo que es la perfección.