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En Memoria de Tay y Nanaki

28-08-10

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Cuenta la leyenda, que hace un par de días, un grupo de peludos, junto su rescatador, empezaron a cruzar el Puente del Arco Iris; en medio de tanto jubilo y alegría, quedo rezagado, un grupito de pequeñajos, que desorientados, se equivocaron de dirección y se fueron alejando del Arco Iris.

 

Según se iban apartando, sus ojos dejaban de ver; sus patitas les volvían a fallar y sus corazones volvían a latir con menos fuerza; al caer la noche aturdidos, fatigados y cansados; todos juntos a la luz de la luna, se tumbaron unos junto a otros para darse calor y pasar la noche.

Uno de ellos, alzo la cabeza al cielo y mirando a la luna, lanzó una llamada desesperada, pidiendo ayuda y esperando que fuera oída.............

La noche estaba totalmente clara; la luna llena, iluminaba la noche como si fuera de día y el pequeño Tay, en su box, de repente escucho la llamada desesperada de auxilio.

De un salto, se puso de pie; tan rápidamente, que su cuerpo, quedo postrado en el suelo; sin dudarlo, sin mirar atrás, miró al cielo y corriendo con todas sus fuerzas, como antaño cuando era joven; fue a ver que ocurría.

De repente, entre la arboleda, sonó un estruendo y el pequeño que había lanzado la llamada, vio como la luz de la luna iluminaba a un enorme Alaskan Malamuten.

Tay; al llegar se encontró con un grupo de perritos, pequeños, ciegos, tullidos, enfermos; que al apartarse del Arco Iris, sus males habían vuelto a aparecer, que temblorosos, los que podían le miraban, otros le olían y otros simplemente, esperaban su hora, acurrucados junto a sus compañeros en el que creían su ultimo viaje.

Con un fuerte ladrido, Tay les dijo que esperaran un momento, fue hasta el puente del Arco Iris y allí contó a un rescatador lo que ocurría, entonces, entre los dos cogieron un trineo, el rescatador lo amarro a Tay y sin darle tiempo ni tan siquiera a subir, salió a toda prisa, en busca de todos los pequeños.

Según se acercaba iba ladrando, su fuerte ladrido resonaba por todas partes, fuerte, rápido, zancada a zancada, salto a salto,;llego hasta el grupo que allí le estaban esperando.

Uno a uno los fue cogiendo y metiendo en el trineo y cuando cargo a todos, con un fuerte ladrido, les dijo:

Tay: Sujetaros fuerte, vamos a cruzar el Puente del Arco Iris.

Sus ganas de vivir; su vigor; se fue trasmitiendo a todos, que según volvían a acercarse al Arco Iris, sus ojos, volvían a ver la luna, sus extremidades, les volvían a sujetar, sus corazones latían de nuevo con más fuerza y unían sus ladrido al de Tay, que ahora atronaban por todo el cielo.

Llegaron al puente del Arco Iris, Tay se detuvo un momento, tomo aire y con un gigantesco y enrome salto, se lanzo a él, arrastrando el trineo, con todos sus ocupantes y llevándoles a su Nueva Vida.

Con tanta emoción, tanto jaleo, nuestro grandullón Tay, no se dio cuenta, que apartado del grupo, bajo un arbusto, estaba un pequeño, que ciego, sordo y paralizado por el miedo, ni se percato de todo lo que ocurría, hasta que fue demasiado tarde.

Cuando las primeras luces del alba, surcaban el cielo, solo, atemorizado, nuestro pequeño amigo, con un pequeñísimo ladrido, llamó, a sus compañeros y se quedo esperando a que fueran junto a él como otras veces, pero nadie apareció.

Para nuestra mala suerte, sus compañeros no le oyeron, ya donde estaban, era imposible que le pudieran oír, pero si que pudo oírle Nanaki.

Ya desde primera hora, al salir a su parque de paseo, nervioso, saltaba y ladraba mirando hacia el cielo, tenia prisa, por que el día pasara cuanto antes y empezó a preparar su viaje.

Cuando le sacamos de paseo, como de costumbre correteo, salto y ladro, pero tuvo momentos de acercarse y darnos besos y hacernos algunos arramucos muy tiernos y al caer la noche, no quería esperar, ni a cenar.

Con nuestros cuidados y cariños, estuvimos a punto de convencerle de que no nos dejara, pero fue imposible; ya lo tenía metido en la cabeza y a media noche; su alma rauda como un rayo, dejo su cuerpo aun caliente en el box que durante un año había ocupado y se fue en busca del pequeño extraviado.

Le fue fácil encontrar el camino, solo tuvo que seguir el rastro aún reciente de su amigo Tay, llego al lugar; ladro, esperando respuesta, pero nadie le contestaba; sin animo de abandonar, olfateando encontró el rastro y allí estaba; escondido, como para que la muerte no le encontrara tan fácilmente nuestro pequeño y desvalido peludo, cieguito y sordo, intentaba seguir luchando y mantenía la esperanza de que alguien como en otra ocasión, viniera de nuevo a rescatarle.

Nanaki, le ladró, pero el pequeño no le escuchaba; con mucho cuidado, se acerco y a la vez que respiraba, le too con el hocico; al sentir su aliento, el pequeño dio un respingo y se puso a ladrar nervioso y aliviado, intentando explicar todo lo que había pasado.
Nanaki miro al cielo, las primeras luces del alba, asomaban por el horizonte; sin dudarlo, cogió al pequeño por el cuello como si fuera un cachorro y corriendo siguió los pasos de Tay que le llevaron hasta el Puente del Arco Iris; sin dudar y apretando un poco mas fuerte sus mandíbulas, de un increíble salto cruzó casi mas de la mitad, los ojitos del pequeño empezaron a ver la claridad, su cuerpo, empezó a recuperar el calor y al alzar su mirada, pudo verse reflejado en los ojos de su peludo rescatador.

Empezó a oír los ladridos de los que fueron sus compañeros y de alegría empezó a contestarles; todos pudieron escucharle y se dieron cuenta de todo lo ocurrido y salieron corriendo a recibirle.

Al llegar, vieron a Nanaki, depositando a su pequeño compañero, de este su último viaje, en el suelo y como el saltando y ladrando le daba las gracias.

Todo eran fiestas y alegrías, ya ninguno estaba ciego, ni viejo, ni enfermo; todos saltaban y ladraban rebosando vida, y entre todo ese grupillo Tay y Nanaki, se miraron, y sintieron como una emoción les desbordaba por todo el cuerpo y se sintieron como su corazón, latía como nunca antes lo había echo.

En ese instante un grupo de rescatadores se acercaron a ellos, para darles la enhorabuena por lo que habían echo.

Entonces uno de ellos, mirándoles fijamente, les dijo:

Tay, Nanaki; os estábamos esperando; sabíamos que erais capaces de hacer esta hazaña tan increíble y por eso hemos hecho que os llamaran.

Queremos que ayudéis a todos los humanos que día a día hacen lo mismo que habéis echo vosotros; entregando su vida a los que más lo necesitan, sin dudarlo.

Tenéis la oportunidad, de por ser como sois; de regresar a la tierra, y convertiros, en humanos pero con alma de perro; para crecer, madurar y el día de mañana poder repetir lo que habéis echo hoy, pero durante más tiempo y luego cuando llegue vuestro momento; regresar aquí y encontraros con todos ellos; por supuesto si queréis; es vuestra elección y es sencillo, solo tenéis que ir hacia esa luz de allí y todo comenzará de nuevo para vosotros.

Nanaki y Tay se miraron, giraron un poco sus peludas cabezas y vieron los ojos de sus primeros rescatados y como si de un equipo sincronizado se tratara, juntos de un salto se adentraron en la luz; ansiosos de comenzar su Nueva Vida.
 

Autor: Luis F. Palomo